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ALMIARES

COMO ESTAR EN ITALIA

COMO ESTAR EN ITALIA

Acababa de atravesar una puerta, no temporal, sino geográfica -si pudiera emplearse este término-.

Visité La Alhambra granadina y, allí, junto a los Palacios Nazaríes, Carlos I de España y V de Alemania, hizo construir un palacio para dejar su impronta en aquel lugar, como lo hicieron sus abuelos, los Reyes Católicos. Pues bien... a simple vista no me gustaba nada el palacio -desde mi punto de vista desentonaba con el lugar, y todavía lo sigo creyendo-, pero entré en la panza de aquel descomunal edificio atravesé el vestíbulo y salí a un enorme patio circular y entonces... creí hallarme en Italia.

El palacio es puramente renacentista y como acababa de visitar Italia, ya no sólo la visión, sino todo el entorno me hizo creer que realmente me encontraba en algún lugar de Italia, tal vez Florencia, Pisa o la misma Roma.

Fue una sensación.... una impresión que recuerdo me dejó paralizado durante unos instantes: estar en Granada y, de repente, sentirme en Italia. Supongo que a más de una persona le habrá sucedido algo similar. ¿Verdad que es una sensación, como mínimo, extraña?.

Algo parecido sentí al pisar por primera vez la Alcazaba, también en La Alhambra. Aquella primera torre bermeja que se presentó ante mí, parecía haber sido arrebatada de Marruecos y colocada allí para que yo tuviera aquella sensanción. ¡Ni el mejor parque temático del mundo puede lograr sensaciones así!.

En otra ocasión hablaré sobre aquella vez que entré en una tienda de Zara en Funchal, capital de la isla portuguesa de Madeira.

Saludos.

Víctor Heras.

Almiares de Gredos

Recuerdo aquellos almiares de Gredos, repletos de heno recien segado... frescos, fragantes y... tan bellos.

Son los recuerdos y los testigos de dos maravillosos veranos, cada uno diferente, pero los dos muy, muy alegres. Veranos llenos de dicha y alegría. Veranos frescos en mi memoria y calientes en mi corazón.

Almiares, almiares de prosa, poesía y arte... almiares. Ignoraba vuestro nombre hasta que un buen amigo me lo reveló. Y, desde entonces, habéis cobrado una dimensión casi plástica en mi mente: allí estáis los tres, aguardando al labriego. Esperando a que yo vuelva y os cante. Pronto. No sé cuándo. Pero pronto volveré (volveremos). Y de nuevo me acercaré hasta vosotros -enormes hitos, miliarios de heno-, y ante vuestro silencio y presencia, retornará la inspiración y musitaré versos.

Aguardadme, que volveré. De momento, sirva este homenaje a vosotros tres. Os recuerdo y os extraño, porque representáis para mí, unos momentos de alegría y belleza inolvidables e imperecederos en mi alma.

Os echo de menos como si fuérais un amor, un familiar... o... unos amigos. Eso es lo que sois: unos amigos. Entonces sé que siempre me esperaréis. Os lo agradezco.

Pronto nos veremos, almiares. No sé cuándo. Pero pronto volveré.